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Cuba baila confinada en casa mientras se alzan los telones

Cuba baila confinada en casa mientras se alzan los telones
EFE / Yander Zamora

La Habana, 29 de mayo de 2020.- La pandemia del coronavirus ha detenido al mundo, pero en Cuba el bailarín no se detiene, ya no baila en grandes salones, sino que por el aislamiento lo hace en la sala de su casa o en la azotea de un edificio vecino. Hay que ingeniárselas para poder mantenerse en forma mientras se alzan los telones de nuevo.


La rutina de las compañías de baile cubanas consistían en ensayos en salas bien ventiladas, con música retumbando contra las paredes, ejercicios en barras y el «maitre» que repetía «de nuevo». La danza era un modo de vida. Pero en un país al que la COVID-19 ha paralizado casis totalmente, esa realidad dahora es lejana.

«Extraño muchísimo a mis compañeros, sus buenos días, a los maestros. Extraño los días de trabajo incansable, de llegar tardísimo a casa y tener que lavar la ropa empapada en sudor», asegura Leyna González, primera bailarina de Danza Contemporánea de Cuba (DCC).

Confinada voluntariamente desde hace unos dos meses como la mayoría de los cubanos -en el país caribeño no se ha decretado cuarentena obligatoria-, la artista de 22 años reconoce que «ha sido muy difícil» pero añade que todo depende de la actitud y de «la historia que uno quiera contar».

El pliés se baila ahora en las azoteas de Cuba

Para el resto del mundo, el confinamiento se ha traducido en cocinar, hacer ejercicio (mientras duraron las buenas intenciones) y perderse ante las pantallas. En cambio, para los bailarines profesionales, con altísimos requisitos físicos similares a los de un atleta de alto rendimiento, no existe el lujo de anclarse al sofá.

El Ballet Nacional de Cuba (BNC), buque insignia de la danza cubana, se ha organizado «para priorizar el rendimiento físico» de sus integrantes, contó a Efe su actual directora y primera bailarina, Viengsay Valdés, que vive en carne propia el «difícil reto» de entrenarse «para no perder la forma» en el confinamiento.

«Hemos creado una batería de ejercicios para que los bailarines hagan en casa una rutina de fortalecimiento, practiquen pilates y ejercicios de barra: el ‘abc’ del ballet», explicó Valdés.

Sin salones de ensayos, los artistas aprovechan cualquier espacio de sus casas que permita el movimiento. Algunos afortunados entrenan en terrazas y azoteas al aire libre, aunque el calor tropical obligue a dejar el ejercicio para horas tempranas de la mañana y el final de la tarde.

Cualquier espacio es bueno

Ariel Mejica es de los pocos que tiene el privilegio de vivir cerca de un estadio, vacío ahora por las restricciones impuestas por el Gobierno cubano, que ha suspendido actos públicos y pedido a sus ciudadanos permanecer en casa. «Tratamos de correr al menos 10 minutos», cuenta a Efe el bailarín, confinado junto a su pareja.

El entrenamiento de Mejica, de formación clásica, incluye dos tandas: una corta en la mañana y otra fuerte en la tarde junto a su compañera, integrante como él del aclamado Ballet Revolution, un ensamble que fusiona pasos clásicos, contemporáneos y populares en una propuesta que han llevado hasta el Royal Albert Hall de Londres.

«La rutina he tenido que duplicarla porque no es lo mismo entrenar en casa que en la compañía, con condiciones, un salón, espejos, las barras para tomar clases. Tener a mi pareja ha sido bastante satisfactorio porque nos motivamos el uno al otro», agrega vía Whatsapp.

A falta de la amplia sala de ensayo en la sede de Danza Contemporánea de Cuba, Leyna González se conforma con la terraza de su casa en la cercana provincia de Matanzas donde se ejercita, aunque tras una lesión reciente ha comenzado a tomarse las cosas con un poco más de calma.

«No estamos adaptados a estar tanto tiempo en pausa, es difícil y no es lo mismo que yo haga ejercicios y me estire en casa. El clima afecta, la humedad. Me lesioné en la ingle, estuve tres o cuatro días poniéndome hielo y tomando antinflamatorios, me asusté muchísimo pero por suerte ya todo pasó», asegura aliviada.

Cuba posee un prestigioso sistema de enseñanza artística gratuito que capta talentos desde la base y los forma hasta el nivel universitario. La gran mayoría de las compañías se nutre de escuelas de danza repartidas por todo el país.

«Un, dos, tres» desde la pantalla

Ante el cierre indefinido de escuelas y universidades, la televisión estatal comenzó a trasmitir clases diarias. Se incluyen sesiones prácticas dedicadas a miles de estudiantes de danza, que repiten en su casas los ejercicios que ven en las pantallas.

El mayor acceso a las redes sociales, muy populares desde la llegada del internet móvil hace casi año y medio, contribuye a la socialización de rutinas de ejercicios en las páginas oficiales de las compañías, entre ellas los colectivos de la coreógrafa Lizt Alfonso y el Ballet de Camagüey.

Acosta Danza fue fundada en 2015 por el reconocido bailarín cubano Carlos Acosta.  La compañía publicó en sus redes sociales una coreografía original, montada y filmada en el confinamiento.

«Como otras compañías, hemos buscado alternativas para mantenernos artísticamente activos y seguir trabajando juntos. Por ello, hicimos un vídeo coreográfico con nuestros bailarines (…) Todos trabajamos sin salir de nuestras casas como dictan las medidas de seguridad», dijo a Efe el director de prensa de Acosta Danza, Lester Vila.

Cuando la epidemia llegó a la isla a fines de marzo pasado, la vida cultural estaba -como de costumbre- en plena efervescencia.

El Ballet Nacional de Cuba tenía proyectadas varias galas dentro y fuera del país por el centenario de su fundadora, la legendaria bailarina Alicia Alonso (1920-2019), ensayaba para una importante puesta en escena de «Coppelia» y afinaba los preparativos del 27 Festival Internacional de Ballet de La Habana, el primero en 60 años sin Alonso.

Viengsay Valdés es pupila de la «prima ballerina assoluta» cubana. Se ha estrenado este año como directora de la emblemática compañía bajo la presión de liderar un cambio generacional. Además debe hacer frente a una situación desconocida en la que tienen que tirar de optimismo.

«Estamos muy ilusionados por volver a bailar, por estar en los escenarios, tanto en Cuba como en el resto del mundo», señala la bailarina, que prometió próximas informaciones sobre la celebración del Festival de Ballet, inicialmente programado para fines de año.

Pedro Páramo ahora baila

Por su parte, Danza Contemporánea de Cuba preparaba el estreno de una pieza inspirada en la novela Pedro Páramo y una gira por Canadá.

Leyna González no puede evitar pensar en lo que dejó de bailar. A pesar de tener «unos días mejores que otros» ha aprovechado para meditar. Estudia el personaje de Pedro Páramo que todavía espera interpretar y atesora el tiempo con su familia. «Hacía años que no pasaba dos meses completos en casa. Estoy muy feliz», insistió.

Acosta Danza, que celebra este 2020 su quinto aniversario, también tuvo que detener sus proyectos por el coronavirus. «Teníamos temporadas programadas para estos meses y en ellas estrenos mundiales, trabajo con coreógrafos cubanos e internacionales, y continuarían las giras internacionales», adelanta Lester Vila.

La compañía valoraba actuar en uno de los teatros más importantes del interior de la isla. Ahora queda postergado indefinidamente ante la incertidumbre de una «nueva normalidad». Previsiblemente se mantendrán medidas de distanciamiento social.

«Nuestro deseo es retomar, en lo posible, lo que dejamos detenido. Ya estamos valorando alternativas. Todo estará dirigido hacia la rápida incorporación a la escena y buscar la manera de colaborar en el panorama social que esta crisis nos deje. Nuestra compañía está viva y tenemos mucha esperanza en el futuro, un futuro en el que, sabemos, las artes serán muy necesarias», concluyó.

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Escrito por: Redacción - AHP , usando información de: EFE / Yeny García

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