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Chicherecúes, babujales, y güijes… los tres duendes más conocidos del imaginario cubano

El fértil e inagotable imaginario cubano, siempre ha tenido sus propios duendes. De todas las criaturas fantásticas del monte, hay tres que se han ganado el récord de permanencia en la memoria folclórica. Es posible que posean características comunes a las de algunos duendes europeos, pero conservan sus propias cualidades, atributos y conductas que les hacen poseedores de los más criollos rasgos.


Chicherecúes, babujales, y güijes, vienen a ser los tres tipos de duendes más conocidos que posee la mitología cubana, aunque en la actualidad mucha gente les confunde, porque tienen de común el color negro de la piel y la estatura pequeña. Pero son entidades diferentes y han venido a ocupar lugar de privilegio entre las criaturas fantásticas de la mitología cubana. Estuvieron reinando por siglos en montes, ríos, lagunas, cañadas y sabanas, donde el imaginario rural les brindó cobijo y rindió el más prolongado tributo recordatorio.

De las abundantes, peculiares y valiosas leyendas que fueran recogidas por nuestros más avezados investigadores y folcloristas, seleccionamos del Diccionario de Mitología Cubana, algunas de las más señaladas, con la intención de brindar una visión más completa de la variedad de tipologías que se atribuyen a dichas figuras del “fantasiario” popular.

Los chicherecúes

Eran negritos de escasa estatura, que generalmente aparecían de noche a los caminantes de las regiones rurales de Cuba. Cuentan que solían llegar en pareja (algunos les creen hermanos gemelos), para hacer maldades y asustar a quienes se atrevían a darle las doce vueltas a una ceiba, a media noche. Generalmente se ocupaban de hacer travesuras a quienes pernoctaban en el monte cubano. Aunque casi siempre eran relacionados con la ceiba y el monte.

Hay leyendas campesinas que tienen otra visión de los chicherecúes. En este caso, serían dos genios negritos venidos de la costa de Guinea, hombre y mujer, pero siempre emparejados y sin ropas, cuyo único objetivo es el retozo con aquellos extraviados en el monte, introduciéndose bajo las enaguas de las mujeres, fisgoneando y golpeando con invisibles puños a los varones. En algunas regiones de Cuba, había quienes tenían la creencia, que los chicherecúes tenían el poder de lanzar encantos y maldiciones. De éstas, la  más temida  de todas, era la maldición que hacían de la cintura para abajo, quitándoles la potencia viril a los hombres por un tiempo determinado. Para muchos estudiosos, esta figura puede identificarse con el mitologema universal del trickster.

Los babujales

Eran duendes producto de la magia, dedicados específicamente para trabajos en rudas faenas. Sus pequeños y nerviosos cuerpos, siempre en movimiento, estaban especialmente adaptados para trabajar rápidamente y sin descanso por mucho tiempo. Era creído por cierto, en la época colonial, cuando se daba el caso de algún esclavo, que había heredado de sus ancestros la posibilidad de llamar a estos duendes por medio de conjuros secretos y ceremonias para que acudieran al sembradío a cortar la caña que se le había asignado a su dueño y señor. Para lo cual este esclavo, se ocultaba en la maleza y sin que nadie pudiese verlo ni escucharle, realizaba sus inviolables conjuros.

Efectuaban estos duendes enanos su labor con tanta rapidez y eficacia que, aquellos a quienes les estaba dado observar los resultados, quedaban atónitos y sorprendidos. Pues según contaban los más viejos esclavos, eran solo vistos por quienes les tenían asignados. Aseguraban que los babujales andaban generalmente en parejas y al aparecer, siempre llegaban ansiosos por trabajar, pues de inmediato preguntaban a su dueño con desespero: —¿Dónde pego?, ¿dónde pego?— (Pegar, sinónimo de trabajar en al argot popular cubano). Hasta que su amo les dijera: —¡Pega ahí!—. Era entonces, que realizaban sus proezas, apelando a sus mágicas virtudes. Las cuales al final, parecen darle a estas figuras tantas cualidades de duendes, como de genios, al ser llamados mediante conjuros y obedecer sin reparos a la voluntad de quien les convoca.

Los güijes

Al decir del investigador y folclorista cubano Samuel Feijóo, “el güije es la leyenda cubana más recia, constante y completa” de la mitología cubana (2) 89. La mayor parte de la población le conoce como el negrito pasudo que hace maldades inocentes a quienes pasan por sus dominios, pero este personaje abarca otras muchas facetas no muy difundidas, que lo alejan del estereotipo del pequeño enano risueño y juguetón de pasas revueltas.

Es sin lugar a dudas, un duende de las aguas, pues siempre estuvo enlazado con las charcas, ríos, lagunas y demás masas de este líquido elemento. Su verdadero origen en nuestras tierras debe remontarse a épocas precolombinas, cuando ya estaba presente en las narraciones aborígenes con el nombre de “jigüe”. Es de suponer que más tarde recibe esta figura las influencias de las narraciones mitopoéticas del esclavo africano, para quedarse en la memoria colectiva con el apelativo de güije. Así en algunas regiones de nuestro archipiélago cubano, se le conocía como jigüe y en otras como güije. El inolvidable Samuel Feijóo, en su obra Mitologia cubana, aborda con mayor profundidad este tema de los dos nombres.

Escrito por: Redacción

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