Las tumbas más curiosas en el famoso Cementerio de Colón

Las tumbas más curiosas en el famoso Cementerio de Colón

Pocas personas gustan caminar por el cementerio de Colón. Existe cierto respeto cuando observamos recuerdos ajenos bordados al mármol. Ya sea por temor o por algún que otro compromiso ineludible tratamos de permanecer el menor tiempo posible dentro de un camposanto. A muchos nos inquieta la paz que reina en tan lúgubre paisaje. No importa que nos encontremos en una joya arquitectónica como la Necrópolis de Colón, todos queremos estar del lado exterior del muro amarillo, vislumbrando de lejos aquella frontera que divide la vida de la muerte.

Varios especialistas e investigadores han afirmado que las riquezas que se encuentran dentro del Cementerio de Colón, actual monumento nacional y una de las necrópolis más extensas del mundo, están valoradas sobre los mil millones de dólares. Sin embargo, en nuestro “Louvre al aire libre” descansan historias que se maquillan de leyenda y nos demuestran que el valor histórico, social y cultural de este lugar no admite precio alguno.

 

Tumba del Dominó

Entre los nichos más curiosos destaca el de Juana Martín de Martín, mujer fanática al juego de dominó, quien murió de un infarto el 12 de marzo de 1925 al no poder “pegarse” con el doble tres. Juana falleció con la ficha apretada en una de sus manos. Sus hijos, en honor a su progenitora, hicieron esculpir la secuencia de la partida en el momento exacto del deceso y mandaron a tallar sobre la losa una escultura donde se representara el fatídico doble tres.

cemeterio colón: tumba del dominó

 

Tumba de la primera cubana divorciada

En frente del mausoleo de los bomberos se encuentra el curioso mausoleo de la primera cubana que se divorció. Cuenta la historia que esta cubana casada viajó a París y allí se enamoró prendidamente de un cubano adinerado. La mujer quería divorciarse y como no era permitido en aquella época, viajó hasta el Vaticano para pedir la nulidad matrimonial. Finalmente consiguió el divorcio y se casó con su nuevo amado, pero cuando volvió a Cuba, fue mal vista por la población.

 

 

La tumba del arquitecto

Curiosa es la tumba del arquitecto, amante de la arquitectura egipcia. Es la única tumba que tiene forma piramidal.

 

Cementerio de Colón: Mausoleo de los bomberos heroicos.

Cerca de la entrada principal de la Necrópolis de Colón, Monumento Nacional de Cuba y cementerio de mayor tamaño en América, si el visitante levanta la mirada hacia el lateral derecho, se encontrará con uno de los panteones más hermosos y majestuosos de cuántos allí existen.

Sólo tiene que vislumbrar el punto que sobresale por encima, incluso, de las altas palmeras circundantes. Se trata del monumento a las Víctimas de la Caridad o a los bomberos, como se conoce popularmente, una obra de 10 metros de altura que embellece el entorno con su mera presencia y despierta la curiosidad en muchos.

Sin dudas, el encanto, las magníficas dimensiones y los múltiples valores monumentales, hacen que el sepulcro de las Víctimas de la Caridad sea poseedora de la superioridad artística del cementerio y que se haya convertido en un sitio de homenaje a todos los bomberos, héroes caídos en el cumplimiento de su deber.

 

La tumba de la fidelidad

Otro símbolo de amor incondicional se presenta ante los visitantes como “la tumba de la fidelidad”. Concebida inicialmente para Jeannette Ryder, fundadora del Bando de Piedad de Cuba, la sepultura alcanzó fama cuando Rinti, perrito de Ryder, acompañó al cortejo fúnebre hasta el cementerio y se acostó a los pies de su dueña.

Cuentan que los trabajadores echaban a Rinti del lugar, pero este regresaba de nuevo. Fue tan grande la tenacidad del can que al final lo dejaron quedarse. Pocos días después murió a los pies de la tumba de su dueña sin haber probado alimento alguno. Semejante historia conmovió al Bando de Piedad, quien compró el terreno en 1943 y encargó al artista Fernando Boada, para que creara una escultura donde reflejara los más genuinos sentimientos de fidelidad del perro hacia la Sra. Ryder.

 

 

La tumba del amor de Margarita y Modesto

Dentro del imaginario popular del cementerio se rememoran historias de amor tan bellas como la de Margarita y Modesto. Cuentan que Modesto Cantó Menjíbar comenzó su vida cuando conoció a Margarita Pacheco, 23 años más joven que él. Según la leyenda ellos eran vecinos y la muchacha estaba casada con un hombre que la maltrataba. Tiempo después ambos se enamoraron, pero no lograron su unión hasta que Margarita consiguió separarse de su esposo abusivo.

La Tumba del Amor de Modesto y Margarita en el Cementerio de Colón en la Habana

 

La tumba de la milagrosa

La tumba más popular, la más querida y respetada del Cementerio de Colón en la Habana, es indudablemente la de La Milagrosa.

Ha alcanzado una enorme fama a lo largo de los años por conceder milagros a muchísimas personas, principalmente madres que como último recurso han acudido a ella en busca de protección para sus hijos, salud o para rogarle la posibilidad de poder engendrarlos.

La historia de Amelia Goyri es una triste historia de amor que se convirtió en leyenda para siempre.

Según la historia Amelia Goyri de la Hoz desde muy joven estaba enamorada de José Vicente Adot Rabell, el que correspondía a su amor, pero debido a la posición social inferior del muchacho sus padres se oponían rotundamente a esta relación.

Por eso es que Amelia tuvo que esperar a la muerte de su padre, para poder casarse con el hombre que de verdad amaba.

Apenas había transcurrido un año del matrimonio cuando en el primer parto sobrevienen complicaciones debido a la hipertensión y mueren ambos, la criatura y la madre que apenas tenía 23 años.

Amelia fue enterrada en una modesta bóveda del Cementerio Colón ya que el esposo se opuso a que fuera sepultada como le correspondía por su rango social, en el lujoso panteón de los Marqueses de Balboa.

Según era costumbre en la época la mujer fue enterrada con la niña que nació sin vida colocada a sus pies.

Estaba el esposo tan enamorado, que aquel fallecimiento casi trastornó su razón.

Se cuenta que visitaba su tumba dos y tres veces al día, tocando en el mármol con una de las argollas para despertar a su amada y la siguió visitando diariamente durante 40 años hasta la fecha de su muerte.

En ese momento el artista se encontraba en Italia, por lo que solicito al esposo le enviara una fotografía para que quedara lo más parecida posible. Allí mismo hizo la obra con mármol de Carrara y la trajo a Cuba personalmente en 1909.

El resultado es la escultura que adorna hoy la tumba, en ella aparece una mujer joven cuya vista se dirige hacia lo alto con los atributos alusivos a la Fe y la Caridad, carga a un niño con un brazo y con el otro sostiene una cruz.

La vida en el Cementerio de Colón

Así transcurre la vida en la ciudad de los muertos, porque el cementerio siempre ha sido más que un mero confesor de las tristezas del alma. Todo sepulcro guarda una historia, cada epitafio se yergue sobre el mito, ya sea en forma de prematura prisión o como justo recuerdo de una legado honorable. ¿Quién sabe? Lo cierto es que todo camposanto es una ruptura del presente, cuya mayor verdad coincide entre el principio y el final. Solo hay que estar ahí y esperar el momento exacto cuando cae el sol, porque en ese preciso instante comprendemos cuanta complejidad existe donde termina el día y comienza la noche.

 

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