Máximo Gómez

¿Sabías que los cubanos destituyeron dos veces a Máximo Gómez e incluso quisieron fusilarlo?

Que el mayor general Máximo Gómez tenía malas pulgas no es ninguna novedad. Ahí están los diarios de sus subordinados y el suyo propio para demostrarlo. El Viejo, como le llamaban era parco a la hora de repartir elogios y no dudaba en aplicar castigos ejemplarizantes cuando se faltaba a la disciplina. Como era el primero en cargar al machete con su escolta no toleraba la cobardía y el majaseo y, como, además, era un fuerte partidario de la libertad de los militares para operar con total libertad, solía menospreciar a las autoridades civiles (más de un diploma de oficial expedido por el Gobierno cubano hizo pedacitos con sus propias manos porque no se justificaba en acciones de guerra).

Todo esto hizo que muchos cubanos se fueran resintiendo con el general dominicano y agazapados como fieras esperaran el momento de cobrárselas todas juntas.

Ya desde la Guerra del 68 había demostrado Máximo Gómez ser un hombre difícil. Aunque respetuoso de la jerarquía y el mando no había dudado en llamar “lechuguinos” al gabinete del presidente Céspedes y en discutir con él cuando el hombre de la Demajagua le exigió recursos para su escolta que el dominicano consideraba que tendrían mejor uso en sus soldados.

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Esto provocaría su primera destitución durante la Guerra de los Diez Años, aunque luego el presidente Céspedes recapacitaría y lo volvería a colocar al frente de las tropas.

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Las malas experiencias con el Gobierno durante la Guerra del 68, lo hizo ser receloso de este en la Guerra del 95 y menospreciarlo. Para Gómez los políticos cubanos eran una “ficción” para agradar a los americanos pero en la práctica no servían para nada y cada vez que pudo se los hizo saber.

Sólo la muerte de Antonio Maceo logró que el anciano general dominicano permaneciera en el mando cuando ya había decidido renunciar al cargo de general en jefe del Ejército Libertador. El Gobierno se tragó sus odios, Gómez sus resabios y pretendieron cerrar filas para superar la crisis.

Sin embargo, era una situación que no estaba destinada a durar. Finalizada la guerra no tardaron en resurgir los conflictos entre Gómez y el Gobierno que ahora se agrupaban en la Asamblea del Cerro. El detonante fue el empréstito solicitado por los asambleístas al gobierno de Estados Unidos para licenciar al Ejército Libertador y al que el general dominicano se negaba por considerar: primero que la República no debía nacer con deudas y; segundo que entre los que pedían el dinero había algunos que no eran de confianza y que querían quedarse con él.

Ante esta situación la Asamblea decidió en un acto suicida prescindir de los servicios del general Máximo Gómez y eliminar el cargo de general en jefe del Ejército Libertador. Durante la sesión en que se decidió destituir al anciano mayor general se vivieron momentos de verdadera locura, como cuando el general de división José Lacret se ofreció para dirigir el pelotón si era necesario fusilar a Máximo Gómez.
Al final sólo cinco asambleístas votaron en contra de la destitución de Máximo Gómez, que, por el contrario se lo tomó con calma. Acató la decisión de la Asamblea y se marchó a su casa, no sin antes declarar ante la prensa que siempre estaría al servicio del pueblo de Cuba, que con nada había llegado hacía 30 años y sin nada se iba.

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