Más que rumba en un callejón cubano

Más que rumba en un callejón cubano

A orillas del río San Juan, cuando termina la yumurina Calzada de Tirry, cerca del abandonado ferrocarril matancero, encontramos Pueblo Nuevo, uno de los sitios más antiguos de la Atenas de Cuba, donde aún retumban los ecos de aquellos tambores que, bajo los toques de Saldigueras y Gallito, convirtieron este lugar en cuna de la rumba y la religión afrocubanas.

Allí convergen perfectamente el arte refinado con el más puro folklore, se mezclan lo blanco y lo negro, la historia y la leyenda, para formar ese rico ajiaco que distingue a un pueblo que nace y se renueva de las cenizas de su pasado.

Como un oasis en medio del olvidado barrio, se presenta para nativos y foráneos el Callejón de las Tradiciones, un proyecto comunitario que desde 2009 ha transformado la realidad de una de las zonas más marginales de Matanzas.

Cuando las raíces afrocubanas parecían languidecer, Yoelkis Torres idealizó un proyecto que permitiría rescatar los valores culturales de la Ciudad de los Puentes. La tarea no fue fácil, pero las adversidades no lograron amilanar el ímpetu de este joven que se propuso devolver a su pueblo las costumbres que lo han identificado a lo largo de los años.

Hasta el año 2009, el ahora afamado barrio de Pueblo Nuevo, era conocido por ser el vertedero de la comunidad. La zona a orillas del río San Juan era la más afectada por la insalubridad, las enfermedades por vectores y la contaminación por las aguas albañales.

En un diagnóstico realizado se detectó que más de la mitad de los hombres tenían problemas legales, una parte de las mujeres estaban desempleadas y eran violentadas por sus parejas, existían altos índices de suicidios, y algunos jóvenes se desvinculaban de los estudios para iniciarse en las drogas, la prostitución o la delincuencia.

Preocupados con la situación, un grupo de personas encabezadas por Yoelkis Torres, concibieron la idea de crear un proyecto que incluyera a toda la comunidad y de esta forma transformara la realidad de aquella barriada.

La rumba fue la excusa que cada sábado movilizaba a los vecinos y poco a poco se convirtió en rutina para los que aman bailar al ritmo de los tambores. Se lograba de esta forma, el rescate de las tradiciones y el fortalecimiento de los lazos entre los lugareños. Las manifestaciones músico-danzarias han vinculado a diferentes grupos etáreos.

Esta idea ha logrado crear elementos para la recirculación de símbolos culturales afro y caribeños presentes en cada uno de dicho barrio y ha contribuido al fortalecimiento de la identidad de sus pobladores, reafirmando las creencias que, inevitablemente, han pasado a formar parte de la cultura matancera.

El sentido de pertenencia de los neopoblinos se ha reafirmado cada vez más, pues ven en este callejón el resultado de su dedicación y entrega. Son muchas las opiniones en torno a cuánto ha significado esta idea para la vida de los vecinos del lugar.

Los logros pueden evidenciarse en las transformaciones medioambientales, en la salud, la educación, la cultura, la disminución de los problemas sociales y el incremento de la participación comunitaria para generar cambios en los modos de vida de los hombres y mujeres del barrio.

Intenta además, capturar en espacios públicos la identidad colectiva para defender, revitalizar y representar los valores patrimoniales adquiridos tras el paso de más de cuatro siglos de la presencia africana en el territorio.

El Callejón de las Tradiciones propone estrategias encaminadas a fomentar el desarrollo cultural de viejas y nuevas generaciones, propiciando impulsos económicos y sociales para la comunidad, que revelan a Pueblo Nuevo como cuna de las tradiciones, el folklore y la cubanía. Se convirtió, de esta forma, en el espacio idóneo para dar sentido a la vida de personas

 

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