Lunin, el espía nazi atrapado en Cuba (2da parte)

Lunin, el espía nazi atrapado en Cuba (2da parte)

Enrique Augusto Lunin era un hombre cercano a los seis pies de estatura, cara redonda, ojos claros, bien cuidado y no espeso bigote, pelo negro, finos modales y recia complexión física con sus casi 200 libras de peso a los 31 años de edad. Gustaba vestir elegantemente.

Al llegar a La Habana procedente de Barcelona, España, quedó registrado en la Aduana e Inmigración con el pasaporte número 32, registro 87, valedero por cinco años. En ese documento se hacía constar que su propietario había desembarcado en Barcelona el 9 de septiembre de 1941 y abandonado España dos días después sin que su salida fuese visada por las autoridades barcelonesas.

Su nombre quedó incluido en el Libro de Registro como el ciudadano Enrique Augusto Lunin, natural de Utila, Honduras, pero su certificación de nacimiento real estaba en Bremen, ciudad natal, con su verdadero nombre: Heinz August Kunnig.

Había arribado a Cuba el 29 de septiembre de 1941 como comisionista y comerciante, pero su verdadera profesión era la de agente del Servicio de Espionaje (Abwehr) de la Alemania nazi.

Lunin se instaló en una casa de huéspedes en Teniente Rey, número 366, segundo piso, entre Aguacates y Villegas. La única persona que tenía acceso a su habitación era la arrendataria quien le garantizaba el aseo de la habitación, el lavado de ropas  y otras pequeñas necesidades a cambio de las jugosas propinas que dispensaba el cliente.

Rápidamente el alemán instaló en la azotea una antena para su radio transmisor y en la habitación colocó en las ventanas telas metálicas, pues tenía varias jaulas con canarios y le gustaba soltarlos en la habitación, justo cuando realizaba  transmisiones para disimular con su trino el sonido característico de las emisiones.

Las informaciones que transmitía eran recopiladas en los bares cercanos al puerto; el alemán gustosamente pagaba rondas de tragos a los marineros que de manera bastante indiscreta brindaban información sobre sus barcos, las cargas que transportaban y hasta los itinerarios. A su regreso de estas incursiones el agente gustaba comprar un refresco marca “Salutaris”. Aunque no tenía muchas amistades o conocidos en el barrio, Lunin montó como cobertura, una pequeña tienda de modas femeninas a cargo de un matrimonio de cubanos.

La primera carta detectada por el servicio de contraespionaje británico, era una misiva puramente comercial escrita a máquina, pero se hizo sospechosa por el uso de una frase solo utilizada con regularidad por los alemanes, de ahí que se determinara un análisis más profundo que reveló otro mensaje con tinta simpática o invisible. Posteriormente se detectaron nuevos mensajes en otras cartas similares.

Había arribado a Cuba el 29 de septiembre de 1941 como comisionista y comerciante, pero su verdadera profesión era la de agente del Servicio de Espionaje (Abwehr) de la Alemania nazi. -tabletmagazine.com

Como curiosidad podemos agregar, que entre los medios capturados al espía, figuraba un lapicero – pistola de 14,5 centímetros de largo por 2,5 de ancho. Arma fabricada en los EE.UU. con la inscripción “The Lake Erie Chemical Co. Cleveland Chic USA”. Esta era un arma de un solo tiro, calibre 12 mm con un disparador en forma de botón, pero nunca pudo ser usada por el agente nazi en Cuba.

Fuentes bibliográficas:

Chongo Leiva, Juan. “La muerte viaja con pasaporte nazi”. Ediciones Unión, 1984.

Autor: Maikel Mederos Fiallo.

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