La historia de amor que provocó el primer divorcio en Cuba

La historia de amor que provocó el primer divorcio en Cuba
© divorciovoluntario

Sobre Cuba se han escrito y relatado muchas historias. Algunas de ellas cuentan las peripecias de los mafiosos más peligrosos que han existido, y sus visitas a La Habana; otras se contentan con mencionar nombres de afamados peloteros, artistas y directores de cine. Pero jamás una leyenda y una historia de amor como la de Catalina Lasa y Juan de Pedro y Baró, ha tenido tanto impacto en el acervo cultural del país.

catalina Lasa Cubana. FUENTE: cubanos por el mundo

De Catalina se cuenta que era una mujer adinerada, hermosa y con un estatus importante en la sociedad cubana del siglo XX.

Estaba casada con Pedro Luis Estévez y Abreu, sobrino de Rosalía Abreu.

Aquella mujer que se hizo construir un palacete en el Cerro, conocido como la Finca de los Monos.

Cuando este no era ya el centro de la majestuosidad arquitectónica de La Habana, sino El Vedado.

Por su culpa, o gracias a ella, la infidelidad de Catalina fue descubierta.

Pues contrató a un detective privado para que revelara sus andanzas con el ya mencionado Juan de Pedro y Baró, el héroe de esta historia.

De esa forma, terminó, al menos en la práctica, un matrimonio que nunca estuvo destinado a suceder.

Pues la historia de amor entre Catalina y Juan surgió desde la primera vez que sus miradas se cruzaron.

Muchos afirman que fue en París, otros aseguran que sucedió en La Habana.

Pero lo más importante es que el primer encuentro entre ambos cambió la historia de sus vidas, y la de Cuba también.

En aquellos tiempos aún no existía en el país una ley que decretara formalmente el divorcio.

Pero esto no pudo contra los deseos que tenía Juan de hacer a Catalina suya.

La historiografía asegura que fue a hablar con el mismísimo Papa para que dicho matrimonio fuese anulado.

Tiempo después lograron concertar su casamiento en París.

Catalina y Juan. FUENTE: thecubanhistory.com

Aunque este nunca fue aceptado por la sociedad cubana, pues, según las leyes de este país, su antigua unión marital aún estaba vigente.

Fueron condenados por la aristocracia, y ella fue separada de sus hijos.

Se podría decir que es la versión caribeña de Ana Karenina.

Una mujer que estuvo dispuesta a sacrificar su tan importante status y perderlo todo por permanecer al lado de su amor.

Pero la historia de Catalina no fue tan trágica como la de esta figura de la literatura.

Ante los rechazos que profesaba la sociedad a la pareja de enamorados, Juan se propuso ir a hablar con Mario García Menocal, que en esos momentos ostentaba el cargo de Presidente de la República.

Tras largas súplicas para que decretara la tan ansiada ley, Menocal finalmente aprobó el divorcio en Cuba, no sin antes beneficiarse personalmente de dicha medida.

Fue así como Catalina Lasa y Pedro Luis Estévez, además de Juan de Pedro y Baró y su antigua esposa, Rosa Varona, fueron los primeros casos de divorcios que se registraron en la historia de Cuba.

Si damos un paseo por La Habana, podremos encontrar dos majestuosidades arquitectónicas que reflejan la historia de amor de Juan, y su Catalina.

Uno de ellos es la mansión que se encuentra en el número 406 de la calle Paseo, actualmente denominada como Casa de la Amistad.

Dicho inmueble, que imita a una villa del renacimiento italiano, y para la cual se trajeron materiales de Europa y el mismísimo Egipto, fue el mayor regalo que Juan le ofreció a su segunda esposa, al menos mientras ella aún estaba con vida.

El otro obsequio fue construido cuando el cuerpo de Catalina ya reposaba en el panteón familiar de los Pedro y Baró.

Ese fue el último presente que Juan le hizo a su esposa, y en el que sus restos descansan a los pies de ella, tal y como ordenó antes de morir.

Se encuentra en la avenida principal de la Necrópolis de Colón, y contiene en su cúpula la imagen tallada de la rosa “Catalina”, única en todo el mundo, que fue mandada a injertar por especialistas en jardinería, mientras ambos aún gozaban de su juventud.

Este mausoleo, de estilo art decó en su fachada, construido en mármol y cuyas puertas de bronce contienen imágenes de ángeles, es el último rastro que queda del amor más grande que Cuba haya dado en su seno.

mauseoleo de ctalina Lasa y Juan Pedro Baro. FUENTE: Pinterest

Pues es ahí, en ese fuerte inquebrantable, cuyas puertas jamás han sido abiertas, donde descansan los restos de Catalina Lasa y Juan de Pedro y Baró: los protagonistas de la historia de amor más romántica que este país ha conocido.

Escrito por: Redacción - LB, usando información de: Talía Jiménez Romer.
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