La casi olvidada Guerra de los Independientes de Color, el conflicto que enfrentó a los cubanos blancos y negros

La casi olvidada Guerra de los Independientes de Color, el conflicto que enfrentó a los cubanos blancos y negros

Uno de los conflictos de la historia de Cuba menos publicitados – quizás por la vergüenza que provoca – es la Guerra de los Independientes de Color que en 1912, durante el gobierno de José Miguel Gómez, enfrentó a los cubanos blancos y negros en conflicto fratricida.

La causa visible del conflicto fue la ilegalización del Partido Independiente de Color (PIC), una agrupación política fundada en 1908 por el combatiente del Ejército Libertador Evaristo Estenoz para luchar por los derechos de la “raza de color”, marginada en la República, a pesar de haber constituido la mayoría de los combatientes mambises.

Ante la influencia cada vez mayor del PIC en la población negra y mestiza del país, el senador liberal Martín Morúa (uno de los pocos negros que ocupaba una posición política de prestigio en Cuba) propuso una Enmienda a la ley electoral que prohibía la existencia de agrupaciones políticas que marginaran a los cubanos por motivos de “raza, riqueza, título profesional o nacimiento».

Esta Enmienda, justa en su esencia (pero hipócrita, pues no censuraba la exclusión en todos los demás ámbitos de la sociedad) sirvió como instrumento para apartar a los Independientes de Color de la lucha por obtener posiciones políticas, que hubiesen logrado, sobre todo en Oriente, donde sus bases eran muy fuertes.

Ante esta situación, el 20 de mayo de 1912, unos 3000 simpatizantes del PIC con Estenoz y el coronel del Ejército Libertador Pedro Ivonet al frente protagonizaron un alzamiento armado en todo el país; pero que, en la práctica, quedó restringido a la provincia de Oriente.

La represión del Gobierno fue brutal. Ante el rumor de que los alzados habían violado mujeres blancas fueron agredidos negros pacíficos en todo el país, incluyendo muchos que simpatizaban con el Partido Liberal en el poder.

Incluso mayores generales del Ejército Libertador como Jesús Rabí y Agustín Cebreco estuvieron a punto de ser encarcelados por el sólo hecho de ser “de color”, a pesar de haber expresado públicamente su repudio al alzamiento.

Prueba de los desigual de la guerra es que las fuerzas de ejército y la Guardia Rural sufrieron menos de 20 bajas mortales en el conflicto; mientras unos 3 000 miembros del PIC fueron masacrados, entre ellos su jefes Estenoz e Ivonet.

El propio jefe del Ejército cubano, el general Chucho Monteagudo comunicó en una carta al presidente Gómez que más que combates lo que había ocurrido en los montes de Oriente había sido una carnicería.

La brutalidad de las fuerzas del ejército y la Guardia Rural fue desde todo punto de vista injustificable; pero el mayor general José Miguel Gómez la justificó alegando que sólo la firmeza con la que habían actuado las fuerzas del orden para aplastar el levantamiento habían impedido que los marines yanquis desembarcaran y ocuparan de nuevo el país pretextando la ingobernabilidad del mismo.

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