Gibara, la maravillosa Villa Blanca del oriente cubano (+ Video)

Gibara, la maravillosa Villa Blanca del oriente cubano (+ Video)

Pocas ciudades de cuba poseen el encanto de Gibara. La Villa Blanca o de los Cangrejos es un punto obligado de visita para todos los que se aventuran a conocer el oriente de Cuba. De singular encanto fue en el pasado uno de los emporios comerciales en los que se fraguó la riqueza de la Isla y aún conserva muchísimo del glamur que enorgulleció a sus vecinos.

La riqueza de Gibara estuvo siempre unida a su ferrocarril y a su puerto, por donde entraban y salían los productos de la comarca holguinera. Por eso no resulta extraño que la villa Blanca fuera asiento de grandes casas comerciales que enriquecieron la villa durante el siglo XIX y la primera mitad del XX.

Fundada el 16 de enero de 1817, la importancia de la Villa Blanca la convirtió en objetivo de las apetencias de imperios extranjeros, a los que España ahuyentó mediante un sistema de fortificaciones que convirtieron al asentamiento poblacional en el segundo mejor amurallado de Cuba. De estos muros, ya desaparecidos, todavía se conserva el Batería de Fernando VII que con sus cañones de hierro todavía apunta hacia el mar.

Los vecinos de Gibara viven orgullosos de su historia. No olvidan que la villa fue una de las ciudades más prósperas de la Isla y que en ella se construyeron edificios que nada tenían que envidiarle a ciudades como La Habana y Santiago de Cuba. En uno de ellos, el magnífico Teatro de Gibara llegó a cantar la mismísima Isadora Duncan, si bien la llevó a la Villa Blanca la necesidad de hacer reparaciones en el buque en que viajaba.

Pocas ciudades de cuba poseen el encanto de Gibara

Gustan también de señalar los gibareños que en su plaza de armas, hoy Parque Calixto García se encuentra una de las Estatuas de la Libertad que existen en Cuba, colocada en 1915 gracias a la colecta de los vecinos de la ciudad que deseaban poseer un monumento que fuera símbolo universal.

La tradición pesquera de sus habitantes se perpetúa a través de dos monumentos muy singulares que llaman la atención de los viajeros: la Aguja y el Cangrejo, este último, considerado uno de los símbolos distintivos de la urbe nororiental.

Gibara es, además, el balneario natural de los holguineros. La facilidad de comunicación con la capital provincial lleva a sus playas gran cantidad de veraneantes que se desperdigan por su amplio frente de playas.

Aún después de la decadencia sufrida por la disminución del comercio de la Isla tras la Revolución de 1959, Gibara continúa siendo una de las ciudades más atractivas de oriente a la que bien vale la pena visitar si se ama lo diverso.

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