Franciso Antonmarchi, el último médico de Napoleón Bonaparte que vivió y murió en Santiago de Cuba

Franciso Antonmarchi, el último médico de Napoleón Bonaparte que vivió y murió en Santiago de Cuba

El 3 de abril de 1838 Antonmarchi con 49 años de edad muere en Santiago de Cuba a causa de la fiebre amarilla, enfermedad sobre la cual investigó, y es enterrado en la bóveda de la familia Portuondo, quienes eran sus pacientes y para aquel entonces poseían el título de marqués de las Delicias de Tempú.

Hoy, esta afirmación es veraz gracias a la investigación que realizó el doctor Antonio Cobo Abreu, especialista en medicina legal, quien confirmó que el cuerpo exhumado pertenecía a este médico francés que vio morir a uno de los más grandes estrategas militares de toda la historia de la humanidad. La noticia es conocida durante el marco Festival del Caribe de 1994, dedicado a los pueblos de habla francesa.

En la exhumación del cadáver se podía observar múltiples estructuras óseas muy bien conservadas, que en vida habían correspondido a un individuo europoide de aproximadamente 50 años, que media al morir 1,92 metros y que llevaba de muerto más de un silgo.

En la revista “Del Caribe” número 23 aparece un vasto artículo realizado por Cobo Abreu que tiene el último testimonio de Napoleón a partir de las referencias hechas por el doctor Antonmarchi, el cual expresa:

Quiero -me dijo- que después de mi muerte abráis mi cadáver y saquéis el corazón, lo pongáis en espíritu de vino y lo lleváis a Parma, donde lo entregareis a mi amada María Luisa. Id después a Roma, ved a mi madre y a mi familia y decida todos los míos que el gran Napoleón ha expirado en esta triste roca en la situación más desfavorable careciendo de todo, abandonado así y a la gloria.

Antonmarchi fue el médico de Napoleón Bonaparte desde el 18 de septiembre de 1819 hasta el 5 de mayo de 1821, fecha de su fallecimiento en la isla de Santa Elena. Alrededor de este suceso siempre han existido cuestionamientos acerca de su labor como médico y se ha llegado a especular que él enveneno al emperador.

Tras la muerte de Napoleón, Francisco emprende un periplo por distintos países europeos donde ejerció como cirujano y luego decide ir al continente americano. Donde primero residió fue en los Estados Unidos de América, en el sureño estado de Luisiana, luego en México y en los primeros meses del año 1837 en La Habana.

Entre los valiosos objetos que con sumo cuidado traía consigo, estaban el molde de la mascarilla que había hecho a Bonaparte momentos después de que falleciera, y las memorias del Emperador. De La Habana partió hacia Santiago de Cuba y durante el viaje hizo estancia en Puerto Príncipe, actualmente Camagüey, donde se estableció por algunos meses y Bayamo fue su última escala antes de Santiago.

Ya en suelo santiaguero se encuentra con su único pariente, Antonio Benjamín Antonmarchi y Chaignean, quien era su primo hermano y dueño del cafetal San Antonio y vecino del poblado de Santiago del Prado, actualmente El Cobre.

Enseguida ganó prestigio dentro de la sociedad santiaguera por sus valores profesionales y personales. Se le conocía como “El médico del Emperador”. Aquí realizó varias cirugías y operaciones como catarata y a pesar de su poca existencia en tierra santiaguera siempre comentaba a sus familiares que los momentos más felices de su vida lo había pasado en Santiago de Cuba.

Según el benefactor de la ciudad Don Emilio Bacardí Moreau, a este médico le debemos una de las primeras casa de salud santiaguera, ubicada en la calle gallo esquina a Toro.

Francisco Antonmarchi nació en la isla de Córcega, Francia, el 6 de julio de 1789, en el seno de una familia acomodada. Su padre Juan Antonmarchi era un reconocido notario de la comarca. Se hizo médico en la Universidad de Florencia. A juicio de quienes lo conocieron era un hombre de carácter activo, inteligente y locuaz.

El doctor Francisco Antonmarchi Mettei fue mucho más que el último médico de Napoleón Bonaparte. Fue un avanzado científico y un destacado representante de las migraciones francesas hacia Cuba ocurridas durante el siglo XIX. Entre los santiagueros de la época puso su ciencia y su saber al servicio de la sociedad. Sus restos se encuentran en esta indómita ciudad para orgullo de sus habitantes

Escrito por: Redacción.
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