Esther Borja: La dama de la canción cubana

Esther Borja: La dama de la canción cubana

Esther Borja,  artista que fue bautizada como “la dama de la canción cubana”, y que el próximo mes de diciembre se cumplirán 105 años de su nacimiento y 5 de su desaparición física.

Era una mujer amable, respetuosa, sencilla, llena de anécdotas y con cierto sentido del humor; que le gustaba recorrer las calles de las ciudades donde debía actuar más tarde; que en las mañanas le gustaba ir al entonces Círculo Médico (a unas cuadras de su casa) para nadar y compartir un rato con sus amistades; que tenía dos perros grandes llamados: Pirata y Careta, que habían quedado solos cuando sus dueño abandonaron el país, aunque después nació Whiski. Adoraba las flores y por eso cuidaba de su jardín con esmero.

Su colección de tazas era una maravilla: desde la más pequeña hasta la más grande, muchas de las cuales le habían sido regaladas. Lo mismo podía encontrarse entre sus flores, que en la cocina, o encaramada en una pequeña escalera pintando la reja del comedor, porque siempre tuvo una vitalidad increíble.

Su ídolo en la música era Ernesto Lecuona, con quien debutó en un recital donde estrenó versos de Martí musicalizados por él, y después lo hizo en el estreno de la Zarzuela Lola Cruz, cantando el vals “Damisela encantadora”, que le ha dado la vuelta al mundo.

Como cantante, Esther Borja es, y será, un ejemplo de rigor profesional. Estudiaba cada obra con minuciosidad para evitar un desacierto entre texto y música. Escogía muy bien su repertorio, caracterizado por el buen gusto. En la escena, sabía moverse como una verdadera y elegante dama. Poseía una perfecta afinación, y nunca escogió obras que no se ajustaran a sus posibilidades vocales.

Esther Borja cantó en muchos países y actuó en el famoso Carnegie Hall de Nueva York junto al director Sigmund Romberg (autor de la opereta: “El príncipe estudiante”). Su voz está recogida en 7 discos, resaltando aquel de los años 50 de la pasada centuria, en el que interpreta a dos, tres y cuatro voces, cuando no existían las denominadas pistas, es decir que cantaba una voz y sobre ella grababa las restantes, algo muy difícil porque, de equivocarse, tenía que repetirlo todo; pero se logró gracias a la colaboración de Luís Carbonell, quien fue su gran amigo.

Al fallecer Lecuona, asumió el rol de pianista acompañante Nelson Camacho, hasta el final de la cerrera de Esther.

Múltiples fueron los reconocimientos nacionales e internacionales que recibió esta irrepetible artista cubana que siempre será: “La dama de la canción cubana” .

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