Todos hemos perdido algo alguna vez. -needle.com

Para encontrar una aguja en un pajar…

Hay objetos que tienen la extraña manía de perderse. Encendedores que huyen de los fumadores, calcetines que abandonan a su pareja, billeteras que desaparecen de nuestros bolsillos. Memorias flash, espejuelos, correspondencia con contenido importante; aretes, ganchos para el cabello, pañuelos. ¿Quién no ha perdido alguna vez sus llaves?

Si usted no es cubano, tiene dos opciones: resignarse, o buscar el dichoso artículo incluso en su vida después de la muerte. Pero, si usted nació en la famosa Islita del Caribe, de seguro conoce el “remedio santo”. La solución es sencilla. Coja cualquier utensilio que sirva para atar, y haga un nudo bien fuerte en el primer lugar cuya estructura se lo permita: el espaldar de alguna silla, la pata de la mesa, la rejilla del portón… Acto seguido, amenace de la manera más cruel posible a un tal San Dimas, quien, al parecer, tiene algún tipo de control sobre las cosas extraviadas. Ya verá usted como recupera, en menos de los esperado, el objeto. Nuestros abuelos, expertos en estos menesteres, aseguran que el ritual funciona.

Hay objetos que tienen la extraña manía de perderse-invio.com

Es probable que esta costumbre cubana proviene del culto a San Cucufato, imagen cristiana que soportó numerosas torturas; y alrededor de la cual levita la siguiente superstición. Con el fin de que la petición sea materializada, debemos hacer un lazo a un trozo de tela y luego rezarle: “San Cucufato, San Cucufato, con este pañuelo los huevos te ato, y hasta que (objeto que queremos encontrar) no aparezca, no te los desato”. También, puede que se deba a San Dimas, el ladrón que, crucificado a la derecha de Jesús, paga la pena por su delito.

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Por supuesto, cuando el problema se soluciona, debemos soltar las cuerdas, para evitar que el susodicho se enfade.

La retorcida, pero chistosa tradición, cuenta con un amplio currículo de rescates. Aquel peine que juraba, estaba en su mesa de noche, puede volver desde la dimensión del desamparo, con solo practicar un poco las habilidades que aprendió en el club exploradores.

Así que ya sabe, cuando su celular vuelva a perderse en ese agujero negro que son nuestros bolsos, haga la prueba. Si yo fuera San Dimas, y me amenazaran con amordazar mis partes íntimas, puede estar [email protected], que al menos le consigo un objeto idéntico al suyo.

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