El malecón de La Habana, una joya en el Caribe

El malecón de La Habana, una joya en el Caribe
© Pixabay / Andy Leung

El Malecón de la Habana es un muro de concreto desnudo de 12 kilómetros de largo, que protege una ancha avenida de los embates de la corriente del Golfo de México. Desde sus orígenes, a comienzos del siglo pasado, los habitantes de la ciudad mantuvieron una relación única con este ícono habanero. Es que La Habana es una ciudad que surgió en estrecha relación con el mar. Quizás muy pocas urbes del planeta hayan desarrollado esa complicidad típica de la capital de la Mayor de las Antillas.

En los límites entre la urbe y el océano, justo donde termina uno y comienza el otro, el viajero se encuentra con un muro de cerca de doce kilómetros que bordea toda la zona norte de la ciudad: se trata del malecón.

Si ese muro pudiera contar, mucho tendría para decir. Hablaría entonces de historias de amor, de viajeros enamorados de esta isla o en esta isla, quienes regresan una y otra vez. Seguro advertiría sobre cuántas conspiraciones, de las buenas, se han fraguado allí; de cuántos sueños y planes entre amigos o colegas de trabajo se han hecho posible.

El malecón de La Habana, una joya en el Caribe.

Hermosa vista del malecón de La Habana. Fuente: Norbert Höldin / Pixabay.

Escapar del calor en el Malecón de La Habana

Del calor se escapa en el malecón. Allí la brisa refresca en las tardes y noches de verano. También es el lugar ideal para descubrir el amanecer o el atardecer, con imágenes cargadas de un profundo romanticismo sin comparación.

En la noche, el espacio se transforma en una gran plaza pública, donde confluyen quienes desean dialogar con el mar frente a frente. Desde allí puede apreciarse la majestuosidad de una ciudad que no duerme, esa que del otro lado de la bahía ofrece una vista impresionante de las majestuosas fortalezas de los Tres Reyes del Morro y de San Carlos de la Cabaña.

Justo a las nueve de la noche, con el cañonazo tradicional de cada jornada, comienza a tomar vida el malecón de La Habana. El viajero sabe entonces que debe prepararse para lo que viene: horas de intensa complicidad.

Llegarse hasta allí es tradición de los habaneros. Lo hacen de forma natural. No hay nada de ficticio en una relación que está destinada a sobrevivir más allá de los tiempos.

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Escrito por: Redacción, usando información de: TodoCuba / Ecured.
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