Máximo Gómez

El día que Máximo Gómez mandó a todos los cubanos a morir como Sansón

El mayor general Máximo Gómez fue siempre conocido por su valentía y su enorme sentido del deber, pero también por tener muy malas pulgas. El dominicano no admitía indisciplinas y castigaba cualquier manifestación de cobardía entre sus fuerzas sin importar de quienes vinieran. Por esa razón bajo su mando se formaron grandes jefes de extracción popular que no temían a nada como Antonio Maceo y Guillermón Moncada, dispuestos a realizar cualquier sacrificio por la libertad de su patria.

Cuentan que en una ocasión, en medio de los momentos más difíciles de la Guerra del 68, varios cubanos de cuna muy ilustre, nacidos entre algodones y que no estaban acostumbrados a las vicisitudes de la manigua se acercaron al presidente de la República en Armas y le solicitaron una “licencia” para salir del país.

Le manifestaron al presidente que fuera de Cuba podrían prestarles mejores servicios a la causa de la independencia, pues poseían dinero y contactos y harían llegar a los fuerzas libertadoras barcos llenos de pertrechos.

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Céspedes no estaba convencido de dejarlos ir, pues consideraba que era un pésimo ejemplo que en medio de un barco que se estaba hundiendo los capitanes fueran los primeros en salir; pero presionado por sus secretarios finalmente aceptó la petición.

Al conocerse la noticia entre los soldados de Máximo Gómez que escoltaban al Gobierno el malestar se extendió entre la tropa que percibió en la maniobra un acto de cobardía. Para tratar de calmar a los soldados el Consejo de Gobierno envió al secretario de Exteriores Ignacio Mora, quien se paró en medio del campamento mambí y comenzó un dar un discurso para explicar porque era necesario que aquellos cubanos ilustres, incluyéndolo a él abandonaran el país.

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En la misma medida en que Mora hablaba, el general Máximo Gómez se iba poniendo rojo de indignación. Hasta que ya no pudo más y parándose en medio de la tropa gritó con toda la fuerza que le daban sus pulmones:

“¡De aquí no se mueve nadie, capitanes araña!! Aquí se muere Sansón con todos los filisteos!”

Ignacio Mora se quedó de una pieza ante el exabrupto del dominicano y no pudo seguir con el discurso, pues los cubanos empezaron a apoyar con gritos de entusiasmo la posición del jefe dominicano.

Y de más está decir que todos los que querían echar un pie de Cuba, tuvieron que permanecer en ella.

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