El curioso patio del Misha en La Habana

El curioso patio del Misha en La Habana

En las inmediaciones del famoso cabaret Tropicana, en el habanero municipio de Playa, existe un patio muy especial. Se encuentra al fondo de un consultorio médico donde habita Mijaíl Arteaga ( Misha ) junto a su esposa, la doctora Ileana Mena.

El Misha, como todos le dicen cariñosamente, es un escultor de formación autodidacta. Aunque ha dedicado muchos años de su vida a la especialidad de realización de sonido en la Emisora Radio Rebelde, desde muy joven ha cultivado su pasión por las artes visuales.

Poco a poco, el Misha comenzó a domesticar los metales hasta darles formas increíbles: “Por la escasez de materiales y porque vi que había tantos metales que me sugerían ideas empecé a hacer mis hierros, como les llamo, porque me da pena decirles mis esculturas. No me siento un profesor. Me considero un alumno que se atreve a soldar el hierro”.

Confiesa que cuando asistía al taller en la Casa de la Cultura utilizaba latas de leche condensada. “Las recortaba, luego las soldaba con estaño, hasta que pude comprarme una planta de soldadura. El hierro no es muy dúctil pero para mí es más fácil moldearlo”.

Un buen día se encontró en un basurero un cigüeñal de carro y su mente se sintió iluminada en un acto de pura creación. Se le ocurrió hacer un pez. Después supo que existía una obra titulada La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo, que consiste en un tiburón conservado en formol.

“Empecé a trabajar sin boceto. No hago boceto. Me imagino las cosas y las voy haciendo. Cuando el pez estaba terminado fue que me enteré de que había un escultor famoso, Damien Hirst, que tiene un tiburón embalsamado dentro de una pecera. A mí me parece algo un poco raro. Entonces hice la parodia de esa obra”.

En la actualidad utiliza partes de automóviles que le van sugiriendo obras. Fruto de su talento y creatividad han nacido unas treinta piezas. Unas se las ha regalado a sus hijas; otras, a su hermano o algunos amigos que viven en Cuba y en otras latitudes. La más reciente pieza de su colección es un gallo que lo llena de orgullo.

Señala Misha que diseñó su patio pensado en sus nietos. Ellos son afortunados porque tienen a su disposición columpios, animales curiosos, insectos voladores, para que cultiven la imaginación, pero cuando sus niños lo visitan el abuelo debe esconder algunas piezas filosas para que, en su juego, no resulten heridos.

Sin embargo, a este inquieto creador le gustaría realizar una muestra personal con sus obras: “Yo me divierto, gozo teniéndolas aquí. Nunca se me ha dado la posibilidad de hacer una exposición aunque aquí al patio vienen muchas personas, invitados, amigos de la familia. Es el sueño: poder hacer una exposición y esconderme a ver qué piensa la gente”.

El patio de Misha es un lugar encantador. En él fluye la energía positiva que tanto cultivan  las milenarias culturas orientales. Estar en el patio reconforta el espíritu, produce paz y sosiego. Ojalá otras personas tuvieran la posibilidad de visitarlo.

Fuente

cubaahora.cu

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