Cuba: un paraíso para los bailadores

Cuba: un paraíso para los bailadores

Por excelencia es Cuba un paraíso para todos aquellos que les gusta el baile y su principal ámbito para desarrollar esta actividad recreativa fue desde siempre La Habana. Por allá por los años 50 ya la capital de todos los cubanos contaba con la mayoría de sus centros culturales y recreativos, en los cuales se ofrecían bailes y diversión diariamente. Existían además asociaciones españolas que poseían espaciosos salones en los que se celebraban grandes fiestas para sus socios e invitados.

Dentro de estas sociedades se destacaban: el “Centro Asturiano”, el “Centro Gallego”, la “Artística Gallega”, la “Sociedad Curro-Enríquez” en Santo Suárez o el “Casino Español”. Así también se podían encontrar los clubes sociales, en los cuales se realizaban grandes fiestas que eran privadas en su inmensa mayoría.

Lugares más frecuentados por los bailadores cubanos

El listado de los lugares frecuentados por los bailadores cubanos es muy extenso. La capital de la isla, desde la década de 1920 hasta la década del 50, siempre tuvo una gran cantidad de bailadores que demandaban lugares donde se pudiera bailar a su gusto. Cuba país de bailadores, a finales de los 50 ya tenía abiertas en La Habana más de 100 salas donde se podía bailar. Si bien es cierto que aunque a algunos de estos lugares solo conseguían asistir personas de alto nivel económico, también se puede afirmar que se podían encontrar lugares para todos los gustos y posibilidades. Por lo tanto, como se decía y se dice popularmente aún hoy, en La Habana y en toda Cuba, el que no bailaba o baila, es porque es “patón” o “pasmao”.

Entre los lugares más frecuentados por los bailadores se encontraban: “Los Yesitas” – muy próximo a Carlos III –, la “Unión Fraternal” en la Calle Revillagigedo, la de los altos del Teatro Nacional en el Paseo del Prado, la “Sociedad Unión Club” en Neptuno y Zulueta, “La Taberna San Román” en San Pedro y Oficio por la Avenida del Puerto, el “Salón Atenas” en Prado y Neptuno – de donde sale el famoso número de “La Engañadora” de Enrique Jorrín –, el “Hotel San Luis” en Belascoaín y Lagunas # 73 y la “Marquesina del Hotel Saratoga” en el Paseo del Prado y Dragones # 603.

El número de clubes nocturnos era impresionante: El “Palermo Club” en Amistad esquina a San Miguel, “National Nigth Club” en San Rafael y Prado, “Las Vegas” en Infanta casi esquina a Humbolt, el Bar-Club Prado 260”, “Río Cristal Club”, el “Mambo’s Club”, el “Alí Bar” en la Avenida de Dolores y Lucero, el “Bambú Club”, el “Night Club Mulgoba”, el “Night and Day” en la Avenida de Rancho Boyeros, el “Sierra Nigth Club”, el “Alloy Nigth Club”, el “Morocco Club”, el Paseo del Prado # 402, el “Intermezzo Bar”, el “Johnny’s Bar-Club”, el “Pan American Bar-Club”, el “Zombie Club” por Zulueta, entre muchos otros. Dentro de los cabarets más visitados por los bailadores de la época se encuentran el “Sans Souci”, “Tropicana”, el “Hotel Sevilla”, “Los Troncos”, “Topeka”, “La Campana”, el “Tokio”, el “Buena Vista Social Club” en el barrio de Buena Vista en Marianao, etc.

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