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Conoce la historia de la verdadera María Cristina, una mujer enérgica y mandona como pocas

Canciones inspiradas en personajes reales cubanos hay muchas. ¿Quién no ha bailado o cantado temas como Papá Montero, La culpa la tiene Domingo Pantoja, Échale salsita o Angoa? Sin embargo, no vamos a negar que la guaracha María Cristina me quiere gobernar, de Niño Saquito, tiene un toque especial de picardía, una electricidad irresistible, una magia demoledora y un espíritu pendenciero que ha cautivado a varias generaciones. No por gusto es un tema clásico de la música popular cubana y universal.

La propia historia de Ñico Saquito, nacido en 1901, y de su María Cristina… no deja de ser interesante. El verdadero nombre de este compositor y cantante fue Benito Antonio Fernández Ortiz, y en su juventud, ya como Ñico, inició una prometedora carrera en el béisbol, donde se ganó el alias de Saquito por su gran agilidad y destreza para atrapar bolas en el jardín central, a pesar de su baja estatura (era un «saco» recogiendo pelotas, aseguran los viejos aficionados). No obstante, la influencia de su mamá, buena intérprete, su amor por la guitarra y el interés que le provocaban las anécdotas de familiares y amigos que oía en los velatorios lo condujeron por otro camino.

Cuentan que en esta época Ñico Saquito llegó a San Luis, cerca de su natal Santiago de Cuba, para trabajar como aprendiz de mecánico en una fundición y, tras muchas búsquedas, no tuvo más remedio que alojarse en la casa de su tío Manuel Fernández, donde conoció a la enérgica y mandona esposa de aquel, llamada María Fernández García, una mujer de moño frondoso y guantes de piedra que vendía comida en un tren de cantina. Tal era el mal genio de la tal María, que siempre cargaba con ella un revólver pequeño «por si algún fresco se metía con ella». ¡Qué horror!

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«Lévate las manos», «no toques al perro», «mantén limpio el inodoro», «bota la basura»… «báñate ya»… en fin, que la doña tenía loco al tío Manuel, y de paso, le puso ají picante también en los pies del desafortunado Ñico, quien en un arranque de ira y desahogo compuso su María Cristina… un personaje simpático y creativo que aún hoy se le sigue comparando en fama con la radionovela “El derecho de nacer”.

María Cristina me quiere gobernar
y yo le sigo, le sigo la corriente,
porque no quiero que diga la gente
que María Cristina me quiere gobernar…
Que acuéstate, Manuel, y me acuesto.
Que vamos a la playa, allá voy.
Que tírate en la arena, y me tiro.
Que quítate la ropa, y me la quito.
Que súbete en el puente, y me subo.
Que tírate en el agua, ¿en el agua?
No, no, no, no, María Cristina, que no,
que no, que no, ¡ay!, porque
María Cristina me quiere gobernar,
si no, ¡ay!, me quiere gobernar.
Oye, ¡ay!, me quiere gobernar.
Anda, ¡ay!, me quiere gobernar.

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Sobre María Cristina… escribió en una oportunidad un conocido narrador con el seudónimo de Nicanor:

Observen que María Cristina, una mujer, colocada en su eterna situación de dominada, quiere gobernar al narrador, marido o amante, y convertirse en dominatrix. Mientras el interpelado, a su vez, cede a las intentonas de dominio absoluto de su mujer, haciendo ver que cede a sus demandas (le sigue la corriente), porque el autor de la canción o su personaje cantante no quiere que la gente (es decir, sus amigos, otros hombres, el pueblo de Cuba) hable de que María Cristina lo quiere controlar, cosa que es evidente ya ha logrado ella.

Esta pieza, con un humor sutil y bien pensado, ha sido interpretada por músicos de la talla de Benny Moré, Compay Segundo, el Septeto Ignacio Piñeiro y Cheo Feliciano. Además, pertenecen a la autoría de Ñico Saquito obras como Al vaivén de mi carreta, Cuidadito, compay gallo, Chencha, la gambá y La negra Leonor, en su mayoría guarachas, guajiras y boleros, en las cuales se imponen las letras ingeniosas y picantes que se basan en la vida personal del ciudadano de a pie o en eventos que muestran la idiosincrasia de la comunidad.

En realidad, al eterno cantautor de la Bodeguita del Medio, hasta su deceso en 1982, siempre le interesó retratar a los personajes populares sin historia que estaban llenos de valores y podían provocarnos más de un estornudo. Fue un músico de costumbres, como lo han sido en la literatura Soloni, Zumbado o el recordado Enrique Núñez Rodríguez.

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