Fotogramas de los largometrajes La vida es silbar y Suite Habana.
Un sofá frente al mar para Fernando Pérez

“Yo sentía que en esa imagen del mar entrando en la ciudad y las olas rompiendo frente al muro del Malecón, siendo una imagen fuerte y dramática, podría estar el sentido final de la película: Una declaración de amor a La Habana.”

Fernando Pérez, Director de cine cubano

Cuando las noches se antojan calurosas o el contenido de nuestra billetera palidece para una salida romántica siempre aparece el salvador cotidiano: El Malecón de La Habana. Ese balcón, o sofá de piedra descubierta, que se abre al mar, y le da la bienvenida a nuestra ciudad a lo largo de 8 kilómetros, ha sido escenario de múltiples escenas de nuestro cine cubano. Tener el mar tan cerca a veces se antoja tan cotidiano que se hacía imposible no tenerlo en cuenta como locación para filmar tomándolo como escenario.

Una suite para silbar en el Malecón

Fernando Pérez, experimentado cineasta y escritor, con una amplia obra documental y cinematográfica, director de clásicos como Clandestinos o Suite Habana, es uno de los habituales capturando en el celuloide la ancha avenida coronada con el muro desnudo. En su primera película, Clandestinos, quizás no había espacios para el Malecón, pero en Hello Hemingway, su segundo largometraje, ya aparece una corta escena, casi al final, donde su protagonista, Larita (Laura de la Uz), reconoce su soledad ante un muro del Malecón estremecido por la bravura del mar. Después vendría Madagascar, mediometraje de ficción producido en el año 1994, donde vuelven a aparecer tres pequeñas escenas en este lugar. La más destacada de estas ocurre cuando la protagonista, Laurita (Laura de la Uz), en medio del camino a una mudanza le pide a su madre que detenga el auto, donde viajaban, para visitar un amigo. Esto ocurre en el Malecón y ante el grito, entre asombro y recordatorio, de que se estaban mudando solo responde el silencio de un mar que murmulla y un viento que silba mientras Laura se sigue alejando del carro.

Fotogramas del largometraje Hello Hemingway.

 

Su cuarto filme, La vida es silbar, va más allá. Una cinta llena de símbolos y metáforas, en donde la avenida marítima más famosa de nuestro país es el gran testigo de sus protagonistas y de momentos que van desde el lugar donde Elpidio (Luis Alberto García Jr.) se acuesta sobre el muro a esperar una señal de Cuba, su madre, hasta donde reencuentra a un hombre feo con su esperanza de que la perfección humana no existe; sin dejar pasar el momento en el que un taxista se sienta a descargar su felicidad por el reconocimiento moral de su honestidad, por encima de todas sus evidentes necesidades. Una historia que nos lleva a pensar, desde un futuro, en lo que esconde la realidad cuando buscamos ser felices. Aquí el Malecón se hace presente durante todo el desarrollo de la trama, donde la mayoría de sus personajes en algún momento tienen algún plano en el lugar. Por cierto, imagino lo difícil que debe haber sido aterrizar un globo tripulado, aunque no fuese por los actores, bordeando el muro.

Fotogramas de los largometrajes Madagascar y Madrigal.

 

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Después de tanta magia cinematográfica vendría, a mi entender, su mejor propuesta en el séptimo arte, Suite Habana. Una película vacía de palabras pero que dice tanto solo con sonidos, imágenes y música que parece estar llena de diálogos entre sus personajes. Sus protagonistas son personas reales, no hay actores profesionales en el filme, que más que interpretar viven su propia vida en la pantalla. Dentro de la cantidad de locaciones entre las que se entrecruzan las historias vive la Ciudad de La Habana, como un actor más que padece y siente a través de sus habitantes; y explota al final en una especie de suerte y casualidad que le permitieron a Fernando Pérez grabar durante el rodaje a un mar encrespado, por un fenómeno meteorológico, que lucha contra el muro del Malecón al ritmo de “Quiéreme mucho” en la magistral voz de Omara Portuondo. Lúcida declaración de amor y respeto a una Habana que muestra sus múltiples caras pero que sin ocultar ninguna se siente orgullosa de su diversidad.

En el año 2007 se estrenaría Madrigal, una historia de amor contada en dos partes, en dos espacios de tiempo, donde la frontera de lo que es fantasía y lo que es realidad se pierden. No sabremos donde comienza lo real y donde vive la ilusión surgida en el particular mundo de su protagonista Javier (Carlos Enrique Almirante). Aquí el Malecón aparece fugaz, pero en esa bendición de destino que tiene Fernando, logra volver a capturar un mar feroz luchando contra la pequeña muralla defensora, mientras Javier, sin interesarle la intensidad de las olas, se recuesta en ella.

Su próxima producción, Jose Martí: el ojo del canario, volvería a alejarse del Malecón, pero no del mar, aunque sea en breves escenas. Justificado siempre por el momento en que se desarrolla ya que al tratarse de una película de corte histórico debía ser fiel a la época que retrataba. Este largometraje abarca la vida de ese Martí joven que tanto necesitábamos, fuera de esquemas y frases, entre los 9 y los 17 años. Esto la ubica entre el 1862 y el 1870, periodo en que aún no existía nuestro sofá frente al mar ya que sus primeros tramos comenzarían a construirse después de 1900.

Fotogramas de los largometrajes La vida es silbar y Suite Habana.

 

Su último proyecto estrenado, La pared de las palabras, apuesta por la sensibilidad humana, cargado de gran significación, debido a que está muy relacionado con vivencias personales, sin llegar a ser autobiográfico según palabras del propio Fernando. Lleno de increíbles actores (Jorge Perugorría, Isabel Santos, Laura de la Uz, Verónica Lynn, Carlos Enrique Almirante) esta cinta vuelve a separarse del litoral habanero, pero no renuncia al mar. Con una historia que busca calar en los sentimientos del espectador mostrando aspectos de una realidad que, aunque presente, muchos no quieren ver; se demuestra que con asiduidad los seres humanos clasificados como normales somos los más incapaces de entender las palabras y señales que se malgastan en la negrura de lo cotidiano.

Una escena final en el sofá

Actualmente Fernando Pérez termino su novena película, bajo el título Ultimos días en La Habana. El cineasta cuenta que está ambientada en el barrio habanero de Los Sitios y que su carga dramática será más alegre que la de sus últimos filmes. Esperemos que esta vez vuelva a aparecer el Malecón, quizás permitido por la cercanía de la zona de rodaje y desarrollo de la trama. Y que Fernando nos siente en su sofá frente al mar para soñar con una Cuba mejor, como tanto lo hemos hecho a través de su cinematografía.

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comentarios

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La notica ha sido confirmada: El cubano José Fernández conducía el bote en el que puso...

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