Quizás más que negocio, el granizadero ha sido siempre una necesidad por los eternos veranos de Cuba.
Conozca la bebida más refrescante que todo cubano ha probado

Quien no ha tomado alguna vez, para mitigar las consecuencias del caluroso clima cubano, un granizado de su sabor preferido, o al menos del que haya disponible. Desde pequeño siempre esperaba con ansias terminar las clases para ir corriendo a tomarme mi granizado de mantecado; en la esquina de la escuela nos esperaba Juanito el granizadero, que con la magia de sus botellas de colores, y por solo 1 peso cubano, nos alegraba el fin de la jornada escolar. Pero los granizados no son cosas del hoy, como diría mi abuelo: “El granizado existe desde los tiempos de Maricastaña”. Quizás más que negocio, el granizadero ha sido siempre una necesidad por los eternos veranos de Cuba.

Quizás más que negocio, el granizadero ha sido siempre una necesidad por los eternos veranos de Cuba.

 

La venta de la mezcla del hielo picado y algún sirope data de los primeros años de la Republica, poco después de fundarse en Cuba las dos primeras fábricas de hielo, La Tropical y La Polar. El granizado siempre se ha hecho con hielo triturado, al cual se le vierte esencias o jugos de frutas. En los tiempos de holgura existían más de 10 sabores siempre disponibles, destacaban los de fresa, menta, anís, limón, tamarindo, coco y el mantecado. Desde siempre se han vendido en carritos de tres ruedas, de madera o metal, con un techo para cubrir al vendedor. Los que vieron nuestros abuelos se empujaban con los brazos por dos varas cortas de madera. En su interior se compone de dos partes, en la inferior se coloca el hielo, que es una de las materias primas del granizado, sobre este compartimiento van dos anaqueles donde se colocan las botellas que llevan el líquido. El que vende no siempre es el dueño del negocio, desde tiempos de la Republica se podían alquilar a particulares o en las mismas fabricas donde se compraba el líquido para hacer los refrescos.

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El granizado siempre se ha hecho con hielo triturado, al cual se le vierte esencias o jugos de frutas.

 

Como todo lo de aquella época, se pregonaba utilizando una campanita, muchas veces era de cobre y otras de metal blanco, y para rayar el hielo, un aparato de hierro que se llama cepillo era imprescindible. Ya esta forma de prepararlo se ha ido perdiendo en la memoria, solo he visto pocos que aun utilizan esta herramienta, que además de servir para raspar el hielo sirve como medida justa de lo que se debe servir de agua congelada. Algunos amigos me cuentan que en las provincias orientales de Cuba si la utilizan, y como mis amigos santiagueros le llaman raspado por su uso. En La Habana de hoy los cuentapropistas siguen la tradición pero el precio ha perdido sus raíces y ahora tomarse un granizado cuesta el triple o hasta cinco veces lo que yo pagaba de niño. De todas formas no me resisto, cuando salgo a caminar y me tropiezo con alguno no perdono la tentación de tomármelo.

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