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Conoce la leyenda de José Güell y Renté sobre la formación de Cuba

Poco se conoce de la verdadera historia de los primeros pobladores de Cuba, solo páginas y crónicas de viaje confusas y contradictorias de los europeos colonizadores han llegado a mano de los historiadores modernos. Y es que, el misticismo de esta Isla “real maravillosa” inicia desde el primer momento en que “nació”, así se recogen curiosas leyendas que cuentan la formación de la tierra cubana.



Una muy hermosa es aquella expuesta por José Güell y Renté en sus “Leyendas Americanas” (Madrid, 1856). Lo cierto es que no muchos conocen la vida y obra de este criollo habanero de principios del siglo XIX quien, a pesar de poseer fuertes vínculos con el poder español, nunca perdió ese amor entrañable hacia la tierra que le vio nacer.

Güell sentía cierta pasión por los aborígenes del archipiélago y sus tradiciones, a tal punto que los consideraba como los verdaderos héroes y símbolos de la historia nacional cubana. De esta manera, tachó a Cristóbal Colón de culpable por exterminar a una civilización entera de la faz de la Tierra. Asimismo, desaprobó las crueldades a las que fueron sometidos y condenó gravemente la actitud de los europeos, quienes, según Güell, despoblaron a la Isla de sus aborígenes, al filo de la espada de marineros y soldados.

Y es que Güell siempre miró y estudió con cierto misticismo y respeto el modo de vida de los primeros pobladores de Cuba. Su leyenda sobre la mayor de las Antillas dice así:

 “…Sabido es que para los indios el sol, la luna y las estrellas salían de las cuevas de Jobobaba, en la isla de “La Española”. En estas cuevas habitaba Maniatibel, dios subalterno que vivía en perpetua oscuridad, hasta que un día asomándose a la boca de la cueva, descubrió la luz y se enamoró de ella. La poseyó, ignoramos como, y de ella tuvo una hija, Cuba.

Cuando esta virgen era ya una hermosa doncella, la persiguieron los dioses con sus lúbricos deseos; pero la hija de la luz, no podía ser manchada por el contacto carnal. Huyendo por todos los ámbitos del “Turey”, el cielo según los taínos, para no caer en los brazos de sus perseguidores, rasgó las nubes y se arrojó al mar. Allí quedó dormida, meciéndola suavemente las ondas.

Y acaso … ¿no resulta hermoso creer como Güell que los cubanos donde quiera que estemos somos hijos de esta bella doncella, “hija de la luz”? -tvyumuri.com

Sus lágrimas fueron ríos; de sus senos surgieron los montes, de sus cabellos los bosques; de sus pestañas las palmeras; y fue por su origen divino la más hermosa y mejor y de las tierras, en donde eternamente debía brillar el sol y florecer la primavera…”

Y acaso … ¿no resulta hermoso creer como Güell que los cubanos donde quiera que estemos somos hijos de esta bella doncella, “hija de la luz”?

Por: Alejandra Angulo Alonso

Escrito por | Redacción TodoCuba

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